La gira sudamericana en peligro de extinción
Aunque a los más puristas nos cueste aceptarlo, el tenis se está direccionando hacia el lado opuesto al que nos conviene en Sudamérica: pistas rápidas, lujo y mayor repartición de dinero y puntos. Si a esto le sumamos que las fechas en que se disputa la gira sudamericana de polvo de ladrillo están entre medio del primer Grand Slam del año, Australian Open (pista dura), y los Masters 1000 de Miami e Indian Wells (ambos sobre cemento), las posibilidades de que un jugador del Top 10 decida participar se vuelven muy escasas.
Como si esto fuera poco, también se suma la llegada de los petrodólares por parte de los saudíes, quienes vienen ganando terreno en el deporte a nivel mundial, contarán con un Masters 1000 en febrero, a partir del 2028… jaque mate.
“Nuestro objetivo es que en febrero convivan dos giras: una en Oriente Medio, con el nuevo Masters 1000, y otra en Sudamérica”, expresó Andrea Gaudenzi, presidente de la ATP. ¿Podrá sudamérica hacerle peso a un torneo que repartirá millones de dólares, cuatro veces más puntos y ofrecerá instalaciones muy superiores? La respuesta es obvia.
Sin embargo, los últimos años fueron buenos para la gira sudamericana. Estrellas como Alcaraz, Zverev, Ruud, Thiem, fueron algunas de las personalidades internacionales que levantaron la vara (o mantuvieron la que ya venía existiendo: Nadal, Ferrer, Ferrero, etc.) en las últimas 5 ediciones. El público sudamericano trae una vibra y una atmósfera que son difíciles de conseguir en otros sitios. Desafortunadamente, puede ser perjudicial para los jugadores no locales, sobre todo en primeras rondas, pero también es cierto que se sabe cuidar a las estrellas, quienes se sienten como rockstars entre tanta atención del público.
Desafortunadamente, la historia no es la misma en este 2026, con las bajas de Lorenzo Musetti y Gael Monfils, el primero número cinco del ranking y el segundo, un showman en su gira de despedida. El cuadro principal tanto de Buenos Aires como Río tienen sabor a poco, y quizás, lamentablemente, sea la primera muestra de una gira que está en peligro de extinción.
¿Podrán la tradición y la cultura tenística sobreponerse a la modernidad y rapidez de la actualidad? Quizás la respuesta -aunque nos duela- tenga un tinte darwiniano: adaptarse o extinguirse.